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miércoles, 9 de octubre de 2013

...:::No te adornes:::...

No tengo mente en este instante, no se ni por donde voy solo cuido de no tropezar o caer en alguna coladera o bache de esta hermosa ciudad.
La adrenalina me hace seguir corriendo y por fin veo el Fiesta Americana sobre la glorieta de Colón aquí en Reforma.-Buenas noches, una habitación sencilla por favor--Buenas noches señor habitación 305 aquí tiene su llave, me permite su tarjeta de crédito y una identificación por favor-dijo la recepcionista. Sin tener razón alguna abro la habitación 305 y me tumbo sobre la cama y quedo dormido.
Días atrás me encontraba en una fiesta de graduación, en un recinto aquí en la ciudad de México, me contrataron para captar esas hermosas caras de "Juniors" alcoholizados en sus momentos más ridículos.
Me gustaba la fotografía, pero la idea de ser fotógrafo para bodas, quince años y graduaciones no me hacia del todo feliz.
Vivía con mi abuela pero ella ya no estaba en sus posibilidades de mantenerme, al contrario, ahora yo estaba a mis 22 años ganándome la vida y retribuyendo a mi abuela que en realidad le debía todo.
A los 15 o 17 años y con el dinero que los preparatorianos gastaban brutalmente, de foto en foto yo me preguntaba si sería similar a ellos y  malgastaría en estupideces lo que mis padres me dan y terminar con la poca dignidad que tengo.
Me asustó un tanto esa posibilidad que mejor me dirigí a la barra y pedí un whisky doble.
Sentí una mirada proveniente del lado derecho de la barra y a la hora de beber el último sorbo de whisky observé hacia aquel lugar.
La mirada de una mujer. Dejé el vaso de whisky en la barra y regresé la mirada hacia ella y me sonrió. Le devolví la sonrisa, volví a mi labor de fotógrafo y en unos instantes fui alcanzado por aquella bella mujer no menos de 30 años.
Platicamos toda la noche, no creí que me la fuera a pasar tan bien en ese evento y que mi trabajo se haría más ameno.
Nos citamos al día siguiente para ir a comer, al siguiente para ir al cine, al siguiente para ir a bailar y al siguiente y al siguiente.
Me gustaba mucho, era complicada, inteligente, ocurrente, divertida y muy entregada. Comencé a enamorarme, sentimiento que jamás había experimentado.
Conocía toda la parte buena de ella y jamás pensé que su parte mala fuera venenosa y todo se tratara de una mentira, de un juego en el cual salí perdiendo. Solo me usó. Solo quería mi dinero, era su opción ante su soledad o aburrimiento.
Un día así de la nada me mandó muy lejos y tan descarada que cuando le pregunté el por qué, soltó una risotada y me dijo "cuídate, adiós"
Y me olvidé del tiempo.
Pero el reloj avanza. Cada segundo es significado de presión, el día se acaba y la muerte está cada vez más cerca.
pensando en lo que hice aquella noche, no pude creerlo.
Mi piel se estremece al igual que mis sentidos, puedo oler la dinamita de mis pensamientos, ver mi destino incierto, saborear un sorbo de aquella sangre, escuchar a los animales nocturnos qué solo eran testigos de aquel trágico suceso y sentir el aire helado de la complicidad y el pecado.
No poder superar el deseo me volvió salvaje, un rey asesino.
Despierto y aún sigo en el hotel, creyendo que todo fue un sueno, pero la realidad es otra.
Escucho un tumulto a lo lejos, me asomo y se encuentran muchas luces rojas y azules. Entré en pánico y salí del hotel por el estacionamiento.
El ambiente se tensa, una penumbra asecha mi casi cuarto de vida y la gente pasa a contracorriente pero yo sin saber cual es el lado correcto, nadie me  mira y solo camino.
Pasos de miedo, temblorosos. La luna es más brillante al paso 53 y en el 54 un extraño olor llega hasta mi, conocido y excitante, me hace recordar lo que a ambos nos gustaba mucho comer, puedo recordar aquella vez que la pasamos feliz, pero ¿quién era esa persona? Fue todo un personaje.
Visiones del paraíso era lo que esperaba ver, pero sombras y oscuridad invadían mi cuerpo y corazón, tantos pecados, tantos males que realicé, esa muerte que causé fue entonces cuando la historia de un asesino comenzó.
Dejar correr sangre no es de valientes, es de idiotas. reflexionaba sobre eso, sin embargo una especie de escudo no me dejaba actuar para bien.
Un viento helado alborotó mi cabello, subo el cierre de mi chamarra pero no dejo de caminar, enseguida una gota cae sobre mi frente y así la segunda y la tercera, comenzó a llover pero yo seguía con el paso firme.
Llego a los 100 pasos y un charco me sirve de obstáculo para detenerme y darme cuenta que ya era el final de la calle, miré el charco y no parecía un asesino, regreso mi mirada al frente, al mundo y pienso yo soy él y tú eres él y tú eres yo y todos somos todos juntos, mira como corren contra un rifle mira cómo ríen, cómo huyen, mira como lloro.
Y el chico comenzó a llorar.

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